Presente contra futuro.


Negar un placer actual para asegurar un beneficio futuro es tan difícil como necesario. Estamos rodeados de una inmensa variedad de placeres, pequeños y grandes, aparentemente inofensivos, en los cuales nos sumergimos sin pensarlo dos veces. El futuro parece tan lejano, y nuestra suerte tan buena, que creemos que siempre encontraremos una forma de arreglarlo todo una vez las circunstancias sean más propicias. Sacrificarnos para mejorar nuestra situación, especialmente a mediano o largo plazo, nos parece una buena idea pero siempre encontramos una excusa para dejar de hacerlo. No nos damos cuenta que los beneficios que cosecharemos al luchar contra esta respuesta automática de satisfacer el placer actual son mucho más grandes de lo que una superficial inspección permite detectar.

Satisfacer un capricho actual es una forma de escapar de nuestra realidad de forma fácil y rápida. Tenemos una pelea con nuestra pareja y nos emborrachamos, sufrimos un revés en el trabajo y nos atoramos de comida chatarra o le gritamos a la primera persona que se cruce con nosotros. Estas reacciones son fáciles de detectar que otros hábitos como ver demasiada televisión, vagar por Internet evitando hacer nuestro trabajo, no dejar el celular para hablar con alguien o gastarnos todo nuestro sueldo en lugar de ahorrar. El factor común es que en todos los casos anteriores, estamos cediendo al impulso del momento: gritar, comer, beber, vagar, etc. en el momento que este se presenta. No lo premeditamos (en media hora saldré a la calle a gritarle a un transeunte) y no lo analizamos mucho o lo hacemos falazmente (todos lo están haciendo, voy a hacerlo). Tenemos todo tipo de excusas para este comportamiento y es fácil caer en él porque la recompensa es inmediata y los efectos adversos, que generosamente ignoramos, están en el futuro. No vamos a subir 15 libras por comer comida chatarra hoy, no vamos a desarrollar enfermedades hepáticas porque nos emborrachamos anoche ni vamos a perder nuestro trabajo porque perdimos toda la semana en las redes sociales por lo que no vemos como se acumulan sus efectos. La próxima semana comenzaremos la dieta, dejaremos de tomar tanto y vamos a ser el ideal productivo en la oficina entonces no debemos preocuparnos mucho. Estas opciones son fáciles de seguir y que nos llenan de placer inmediato o al menos nos evitan un sufrimiento o trabajo momentáneo. Creemos que podemos dejar estas conductas fácilmente, hasta que intentamos hacerlo. Las barreras de entrada son bajas y las de salida muy altas, el viejo dicho que dice que es más fácil quedarse afuera demuestra su sabiduría.

Todas las facilidades y beneficios inmediatos con los que nos seducen los placeres actuales los carecen en gran parte los hábitos que debemos adoptar para aumentar nuestro bienestar futuro. No estoy diciendo que estas actividades no tengan su belleza, recompensas inmediatas ni atractivo, pero son de un tipo muy distinto a las enumeradas anteriormente. La primera característica que hace que las actividades como ahorrar, ejercitarnos, comer saludablemente , estudiar concienzudamente, etc. difíciles es que sus mayores beneficios están en el futuro, un tiempo del que generalmente nos desprendemos y consideramos ajeno a nosotros. Creemos que tendremos un buen futuro, pero no vemos que depende de nuestras acciones presentes el moldearlo, como si la cadena de causalidad no nos uniera. En total oposición a los placeres actuales, cuyo beneficio es inmediato y cuyos inconvenientes no son inmediatamente palpables, las actividades que mejorarán nuestra situación futura generalmente son incómodas o difíciles en el presente y sus beneficios no aparecerán sino hasta semanas, meses o años después. Aunque pueden realizarse en grupo para motivarnos mejor (ir al gimnasio, estudiar) y aliviar un poco la carga, muchas veces tendremos que atacar estos retos solos para sacar sus máximos beneficios o por su naturaleza. No hay mucho glamour en guardar 15% de nuestro salario y ahorrarlo, en leer hasta que nuestros ojos se cansen, no copiar en un examen o tomar 2.5 litros de agua pura al día. Por último, tenemos la tendencia de sobre-valuar nuestra buena suerte y subestimar los riesgos a los que nos exponemos, por lo que estas actividades pueden sonar bien para otras personas pero nosotros realmente no las necesitamos. ¿Para qué voy a ahorrar si dentro de 2 años seguramente me darán un mejor trabajo? Igualmente, ya que obviamente voy a vivir 100 años y seguramente estaré en excelente forma, no necesito cuidar mi porcentaje de grasa ahora. Esta predisposición a creernos invencibles hacen que pensar en sacrificarnos ahora para guardarnos en un futuro se complique aun más.

Caer en la tentación actual y posponer indefinidamente las actividades que nos aseguren un mejor futuro es demasiado fácil. Tenemos que aprender a ver los beneficios que el segundo tipo de actividades nos traen para poder siquiera motivarnos a seguir un plan de acción tan difícil. En primer lugar, los placeres inmediatos generalmente comienzan y terminan sin dejarnos un beneficio. Comemos un helado, toamos una siesta y podemos repetir esta rutina 100 días seguidos, pero no nos convertiremos en mejores comedores de helado, mejores dormilones y probablemente desarrollaremos una panza como pago por nuestro esfuerzo. Pero practicar un nuevo idioma, salir a correr 2 veces por semana, ahorrar, etc. son actividades que van dejando utilidades marginales que se van acumulando con el tiempo. Tras 100 días de este tipo de actividades, conoceremos mejor el nuevo idioma, estaremos en mejor forma y seremos más ricos, así de simple. Una ventaja adicional de practicar actividades constructivas es que desarrollan cualidades secundarias que probablemente no estábamos buscando desarrollar inicialmente. Nos volvemos más disciplinados, tenemos más autoestima, creemos más en nuestras capacidades y no nos dejamos intimidar tan fácilmente por dificultades. Por último, al aprender a controlar nuestros impulsos y analizarlos para determinar si es mejor ceder ante ellos o no, estamos ayudándonos a nosotros mismos en el futuro. El yo del año 2050 agradecerá la pequeña fortuna que le guardé centavo a centavo a través de pequeños sacrificios, en 15 años agradeceré haberme ejercitado en lugar de atiborrarme de comida chatarra y con suerte seré más disciplinado y organizado gracias a decidir realizar actividades constructivas en lugar de desperdiciar mi tiempo porque era la opción más fácil de seguir en ese momento.

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